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Golpe de calor en mayores: cómo evitar que el verano les pase factura

Los mayores no sienten la sed igual y algunos medicamentos habituales aumentan el riesgo: claves para protegerlos en lo que queda de verano.

Persona alcanzando un frasco de pastillas sobre la mesa
Foto de Wonderlane en Unsplash

Llevamos semanas de calor sostenido y, aunque agosto ya toca a su fin, en Zaragoza las tardes siguen apretando fuerte hasta bien entrado septiembre. Si en tu casa hay una persona mayor —un padre, una abuela, un vecino al que le llevas la compra—, este es el tramo del verano en el que más hay que estar pendiente. No porque hayan hecho nada distinto, sino porque su cuerpo responde al calor de forma diferente a la nuestra, y muchas veces no da ninguna señal clara hasta que el problema ya está avanzado.

Por qué el riesgo es distinto a partir de cierta edad

Con los años, el mecanismo de la sed se vuelve menos sensible: el cuerpo necesita líquido, pero la señal que debería avisar llega tarde o directamente no llega. A eso se suma que los riñones concentran peor la orina, la piel suda con menos eficacia para regular la temperatura y, en muchos casos, hay menos masa muscular —que es donde el cuerpo almacena buena parte del agua—. El resultado es que una persona mayor puede estar ya deshidratada sin haber sentido sed en ningún momento del día.

Medicamentos habituales que cambian la ecuación

Si tu familiar toma medicación de forma crónica, vale la pena tenerlo en cuenta especialmente en estos días de calor:

  • Diuréticos, muy habituales en hipertensión e insuficiencia cardíaca: aumentan la pérdida de líquido por la orina.
  • IECA y ARA-II (otro grupo frecuente para la tensión): pueden alterar la respuesta del riñón cuando hay poco líquido en el cuerpo.
  • Antiinflamatorios (AINEs) de uso habitual para dolor articular: en situación de deshidratación, sobrecargan más al riñón.
  • Litio y algunos antidepresivos: sus niveles en sangre pueden verse afectados si baja mucho el volumen de líquido corporal.

Esto no significa dejar de tomarlos —nunca hay que suspender un tratamiento por cuenta propia—, sino ser más estricto con la hidratación cuando se toman, y comentarlo con el médico si hay dudas.

Señales que conviene vigilar

La deshidratación en mayores no siempre se ve como boca seca o cansancio, que son signos tardíos. Presta atención a:

  • Confusión o desorientación que aparece de forma más o menos brusca, incluso leve.
  • Orina muy oscura y escasa, o que prácticamente no se ha orinado en muchas horas.
  • Piel poco elástica: al pellizcar suavemente el dorso de la mano, tarda en volver a su sitio.
  • Mareo al levantarse, más acusado de lo habitual.
  • Dolor de cabeza persistente sin causa aparente en un día de mucho calor.

Cuando a esto se suma temperatura corporal muy alta, piel caliente y seca (sin sudar) o pérdida de conciencia, ya no hablamos de deshidratación simple sino de un posible golpe de calor, y es una urgencia médica real: hay que enfriar a la persona como se pueda —a la sombra, ropa suelta, paños húmedos— y pedir ayuda médica sin esperar a ver si mejora sola.

Cómo ayudar a beber cuando no hay ganas

Insistir con “bebe agua” a veces no funciona. Suele ir mejor:

  • Ofrecer líquido en tomas pequeñas y frecuentes a lo largo del día, no de golpe.
  • Variar el formato: caldo frío, infusiones templadas, fruta con mucha agua (sandía, melón) o gazpacho cuentan como hidratación.
  • Evitar cargar la hidratación solo con café o alcohol, que tienen efecto diurético y no ayudan tanto como parece.
  • En días de calor muy intenso, o si ya ha habido algún episodio de mareo, una solución de rehidratación oral de farmacia repone mejor las sales que se pierden por sudoración que el agua sola.
  • Recordar beber también antes de salir a la calle o hacer un recado, no solo al volver con sed.

Cuándo no esperar

Si aparece confusión, fiebre alta, vómitos que impiden retener líquidos, o la persona lleva muchas horas sin orinar, no es momento de “esperar a ver cómo evoluciona”: hay que buscar atención médica ese mismo día.

Si tienes dudas sobre cómo la medicación habitual de un familiar mayor puede interactuar con el calor, o quieres que te orientemos sobre qué llevar en casa para estos días, pásate por la farmacia y lo vemos juntos con calma.