Llevamos ya semanas de calor sostenido en Zaragoza, con tardes que no bajan de los 35 grados y noches que apenas refrescan. En esta farmacia, en pleno barrio de San José, es la época del año en la que más veces oímos la misma frase: “yo bebo cuando tengo sed, no hace falta más”. El problema es que la sed es una señal tardía. Cuando el cuerpo la activa, ya llevamos un rato perdiendo más líquido del que reponemos, y en una ola de calor ese margen se estrecha mucho más rápido de lo que pensamos.
Por qué el cuerpo mayor no avisa a tiempo
A partir de cierta edad, el mecanismo de la sed se vuelve menos sensible: el cerebro tarda más en detectar que hace falta beber, y además los riñones retienen el agua con menos eficacia que en la juventud. El resultado es que una persona mayor puede estar ya deshidratada sin sentir apenas sed. A eso se suma que muchas personas mayores reducen la ingesta de líquidos a propósito por miedo a “tener que ir mucho al baño” o por incontinencia, justo cuando más necesitan beber. Si en casa tenéis a alguien mayor, no esperéis a que pida agua: ofrecédsela con regularidad, en vasos pequeños y varias veces al día.
Niños y adolescentes: el riesgo que pasa desapercibido
Los niños tienen una superficie corporal grande en relación con su peso, lo que hace que pierdan calor y líquido más deprisa que un adulto. Y cuando están entretenidos jugando o en el parque, simplemente se olvidan de beber. Los signos de alarma en niños pequeños incluyen menos pañales mojados de lo habitual, boca seca, decaimiento o irritabilidad poco propia de ellos. Con adolescentes que hacen deporte al aire libre en estas fechas, conviene insistir en que lleven agua encima y no esperen a la pausa para beber.
Medicamentos que aumentan el riesgo
Hay tratamientos habituales que, en época de calor, cambian la ecuación:
- Diuréticos, porque ya de por sí favorecen la pérdida de líquido.
- IECA y ARA-II (muy usados para la tensión), que pueden alterar la respuesta del riñón a la deshidratación.
- Antiinflamatorios (AINEs) de uso continuado, que en un contexto de poco líquido pueden afectar más a la función renal.
- Litio y algunos antidepresivos, que requieren un equilibrio de líquidos más estable.
Si tomas alguno de estos fármacos de forma habitual, no hace falta que dejes de tomarlo ni que cambies la dosis por tu cuenta: lo que sí conviene es prestar más atención a beber con regularidad y comentarlo con tu médico si notas mareo, calambres o mucho cansancio estos días.
Cuánto y cómo beber, más allá del agua
La recomendación general de litro y medio a dos litros diarios sube en días de calor extremo, sobre todo si hay actividad física o exposición al sol. Pero no es solo cuestión de cantidad:
- Reparte la ingesta a lo largo del día en vez de beber mucho de golpe.
- Frutas y verduras de temporada —sandía, melón, tomate, pepino— aportan agua y minerales, y ayudan especialmente cuando cuesta beber “solo agua”.
- Modera el alcohol y el exceso de cafeína, porque tienen cierto efecto diurético que juega en contra en estos días.
- Si ha habido sudoración intensa (deporte, trabajo al aire libre, una jornada entera fuera), las sales de rehidratación oral ayudan a reponer no solo agua sino también los electrolitos que se pierden con el sudor, algo que el agua sola no cubre igual de bien.
Cuándo es una urgencia
La deshidratación severa y el golpe de calor no son lo mismo que sentirse acalorado, y requieren atención médica inmediata. Hay que acudir a urgencias si aparece confusión o desorientación, piel muy caliente y seca (sin sudor, al contrario de lo esperado), pulso acelerado, calambres intensos, vómitos que impiden beber, o ausencia de orina durante muchas horas. En personas mayores o niños pequeños, ante la duda, mejor no esperar a ver si mejora solo.
Si tienes dudas sobre cómo organizar la hidratación de alguien mayor en casa, sobre qué opciones de sales de rehidratación se adaptan mejor a un niño, o simplemente quieres que revisemos juntos tu medicación de cara a estos días de calor, pásate por la farmacia. Te atendemos con calma y sin prisa.