Llevamos poco más de una semana de colegio en Zaragoza y en la farmacia ya estamos viendo la escena de siempre: familias que entran con el peque mocoso, la voz ronca y cara de “otra vez no”. Si te suena, tranquilidad: no es que algo vaya mal en casa ni que tu hijo tenga las defensas más flojas que el resto. Es, casi siempre, lo esperable cuando un grupo de niños vuelve a juntarse en un aula después del verano.
Por qué el cuerpo se llena de mocos justo ahora
En el cole y la guardería se juntan decenas de virus distintos que circulan de nariz en nariz, de juguete en juguete y de mano en mano. Los niños pequeños, sobre todo los que empiezan su primer año de escolarización, tienen un sistema inmunitario que todavía está “aprendiendo” a reconocer patógenos nuevos, y cada contacto con un virus distinto es una oportunidad de coger algo. A eso se suma el cambio de rutina: menos horas de sueño que en verano, más cansancio acumulado y, en Zaragoza, esas primeras noches de septiembre en las que ya refresca y a veces se sale de casa sin abrigo porque durante el día todavía aprieta el calor. Los cambios bruscos de temperatura no causan el catarro por sí solos, pero sí que el cuerpo esté algo más expuesto.
Cuántos catarros son “normales” en esta etapa
Puede sonar mucho, pero es habitual que un niño en su primer año de guardería o de colegio pase entre 6 y 10 procesos catarrales a lo largo del curso, con más frecuencia en los primeros meses. No significa que algo esté fallando: es, en buena parte, el propio sistema inmunitario construyendo memoria frente a virus con los que no había tenido contacto antes. Lo normal es que cada episodio dure entre una semana y diez días, con mocos, algo de tos y fiebre baja los primeros dos o tres días.
Qué ayuda en casa mientras pasan estas semanas
No hay forma de evitar por completo esta primera ola de contagios, pero sí se puede acompañar mejor:
- Recupera cuanto antes el horario de sueño del curso: un niño descansado tolera mejor las infecciones leves.
- Lavados nasales con suero fisiológico varias veces al día, especialmente antes de comer y de dormir, para que respiren y coman con más comodidad.
- Hidratación constante, sobre todo si hay fiebre o el niño come menos esos días.
- Lávale las manos al llegar a casa y enséñale a taparse al toser o estornudar; parece poco, pero es de lo más efectivo para cortar la cadena de contagios en el aula.
- No fuerces la vuelta al cole si tiene fiebre o está muy decaído: un día extra de descanso en casa suele acortar el proceso y evita que contagie a el resto de la clase.
Cuándo hay que consultar al pediatra
La mayoría de estos catarros se resuelven solos con cuidados en casa, pero conviene pedir cita si la fiebre se mantiene más de tres días, si hay dificultad para respirar, rechazo persistente del alimento o los líquidos, decaimiento importante que no mejora al bajar la fiebre, o si un catarro que parecía normal empeora en vez de mejorar pasados varios días. En bebés y niños muy pequeños, ante la duda, mejor no esperar.
Y los padres, que también acusan la vuelta
No solo los niños entran en esta rueda: los padres también encadenáis noches cortas, tensión con la vuelta al trabajo y, muchas veces, acabáis pillando lo mismo que el peque unos días después. Cuidar tu propio descanso y no descuidar tu alimentación en estas semanas también forma parte de que la casa entera lo pase mejor.
Si no sabes qué antitérmico o qué suero nasal os viene mejor para esta etapa, o quieres que revisemos juntos el botiquín de cara al curso, pásate por la farmacia. Te orientamos según la edad y la situación de cada peque, sin agobios.