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Protección solar: más allá del número SPF

Qué significa realmente el SPF, por qué la cantidad importa tanto como el número, y cómo elegir el fotoprotector que de verdad usarás a diario.

Abril en Zaragoza: sol de mediodía que ya pica, fin de semana en Formigal con la nieve reflectando a tope, o simplemente una terraza con amigos a las dos de la tarde. Y la mayoría de nosotros seguimos sin ponernos protector solar hasta que llega julio y ya nos hemos quemado dos veces.

El problema no es que no sepamos que el sol puede dañar la piel. Es que el fotoprotector suele usarse mal, poco, o elegirse fijándose solo en el número del envase.

Qué mide el SPF (y qué no te dice)

SPF significa factor de protección solar, y mide cuánto tarda la piel en enrojecer con protector comparado con sin él. Un SPF 50, en condiciones de laboratorio, deja pasar teóricamente el 2 % de la radiación UVB (la que quema y la principal responsable del daño superficial). Hasta aquí, todo bien.

Pero hay dos cosas que el número no te dice:

  • No mide UVA directamente. Los rayos UVA penetran más profundo, no queman de forma inmediata pero sí envejecen y contribuyen al daño celular acumulado. Busca el sello broad spectrum o “UVA/UVB” en el envase: eso garantiza cobertura de ambos tipos.
  • Asume que aplicas 2 mg por cm² de piel. En la cara equivale a unos 2–3 gramos, algo así como media cucharadita rasa. Los estudios demuestran que la mayoría aplicamos entre un cuarto y la mitad de esa cantidad, lo que en la práctica convierte un SPF 50 en algo más parecido a un SPF 10 o 15.

La cantidad importa más que el número

Si te quedas con un solo consejo de este artículo, que sea este: aplica más. Una capa generosa, no un toque rápido. En cara y cuello, unos 2–3 g; en escote y brazos, proporcional a la superficie expuesta.

Y luego reaplicar cada 2 horas en exposición continua, o después de secarte con la toalla aunque el envase diga “resistente al agua”. Ese sello indica que aguanta algo de contacto con el agua, no que sea permanente.

Filtros minerales, químicos y mixtos

Las fórmulas actuales se agrupan en tres tipos:

  • Minerales (óxido de zinc, dióxido de titanio): forman una barrera física sobre la piel. Son los más tolerados en pieles sensibles, rosácea o piel atópica. El defecto clásico era el tono blanquecino, aunque las formulaciones nuevas lo han reducido bastante.
  • Químicos: absorben la radiación y la transforman en calor. Textura más ligera, muy útiles como base antes del maquillaje. Son seguros para pieles normales.
  • Mixtos: combinan ambos filtros y suelen ofrecer buen equilibrio entre protección y cosmética.

No hay un tipo superior al resto. La mejor protección es la del producto que realmente usarás cada día.

Quién necesita extremar el cuidado

El sol afecta a todo el mundo, pero hay situaciones en que la precaución debe ser mayor:

  • Piel clara o con pecas: el riesgo de quemadura y daño acumulado es más alto.
  • Niños pequeños: en menores de 6 meses, lo más seguro es sombra y ropa; en niños mayores, filtros minerales o mixtos.
  • Personas con ciertos medicamentos: antibióticos del grupo de las tetraciclinas, retinoides, algunos antihipertensivos o diuréticos pueden aumentar la fotosensibilidad. Si no estás seguro de si tu medicación entra en esta categoría, consúltanos.
  • Piel postprocedimiento: después de un láser, un peeling o una exfoliación con ácidos, la piel es especialmente vulnerable durante semanas.
  • Hiperpigmentación o manchas: el sol es el principal factor que las oscurece y perpetúa. La fotoprotección diaria no es un extra, es parte del tratamiento.

Errores que conviene evitar

  • Confiar en el SPF del maquillaje. Un fondo con “SPF 20” aplicado en capa fina no da protección real. Úsalo encima del fotoprotector, no en lugar de él.
  • Olvidar orejas, cuero cabelludo y labios. Los labios necesitan bálsamo con SPF. Las orejas y el cuero cabelludo con poco pelo son zonas que se queman y pasan desapercibidas.
  • Pensar que el cielo nublado protege. Las nubes filtran entre el 20 y el 30 % de la radiación UV. El resto llega igual.
  • Guardar el protector para julio. En Zaragoza, el índice UV en abril ya puede superar el nivel 6 al mediodía. En la nieve del Pirineo, la reflexión puede duplicarlo.

Cuándo hablar con el médico

El daño solar se acumula a lo largo de los años, y la mayoría no es visible hasta tiempo después. Consulta con el dermatólogo si:

  • Aparece un lunar nuevo, o uno que ya tenías cambia de forma, color, borde o tamaño.
  • Una zona de piel no cicatriza en semanas o tiene bordes irregulares.
  • Tienes antecedentes familiares de melanoma.

En estos casos, antes siempre es mejor. No hace falta esperar a que “pinte peor”.


Si quieres saber qué fotoprotector encaja mejor con tu tipo de piel, si tomas algún medicamento fotosensibilizante o simplemente prefieres probar una textura antes de comprar, pásate por la farmacia. Tenemos opciones variadas y tiempo para orientarte sin prisa.